Cuando era pequeña, mi madre cada noche solía leerme un cuento, era ya una costumbre, como comer o lavarse los dientes. La colección se llamaba "El Mundo Mágico de los Niños". Las tapas eran rojas, gruesas y duras y las letras bien grandes y doradas... me encantaban. Aún siguen estando en mi cuarto, ocupando una estantería.
Uno de los cuentos que más me gustaba era el titulado "A Margarita" de Rubén Darío y estaba en el volumen 4, de los 12 que eran en total. El cuento en cuestión trataba de una princesa que quería imposibles, y al final los conseguía. Comenzaba así:
"Margarita, está linda la mar y el viento lleva esencia sutil de azahar;
yo siento en mi alma una alondra cantar: tu acento.
Margarita, te voy a contar un cuento.
Este era un rey que tenía un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes,
un kiosco de malaquita, un gran manto de tisú
y una gentil princesita, tan bonita, Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la princesa vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla decorar un prendedor,
con un verso y una perla y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas, cortan astros.
Son así.
Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.
Y siguió camino ariba, por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba sin permiso de papá.
Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta en un suave resplandor.
Y el rey dijo: "Qué te has hecho? Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho, que encendido se te ve?"
La princesa no mentía. Y así dijo la verdad:
"Fuí a cortar la estrella mía a la azul inmensidad"
Y el rey clama: "No te he dicho que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho! El Señor se va a enojar."
Y dice ella: "No hubo intento; yo me fui no sé por qué.
Por las olas y en el viento fue a la estrellay la corté."
Y el papá dice enojado: "Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado vas ahora a devolver."
La princesa se entristece por la dulce flor de luz,
cuando entonces aparece sonriendo el buen Jesús.
Y así dice........."
¡Qué recuerdos!...Recuerdo a mi madre junto a mi contándomelo de memoria y yo repitiéndolo con ella. Eso sí, cuando el sueño la vencía, se equivocaba, y claro, ahí estaba yo, con los ojos como platos y los oídos con el volumen máximo, para recordárselo.
Esta es una de las cosas que mas presente tengo de mi madre con respecto a mi niñez. También, toda su dedicación a mi. Me enseñó a leer y escribir antes que en el colegio, por lo que los profesores la hechaban la bronca: "Tiene que aprender como todos los demás, a su tiempo". Y la verdad, es que cuando en clase aprendíamos los números y las letras, en casa yo devoraba las caligrafías y los cuadernillos de sumas y restas de la marca Rubio, no sé si alguien los recordará... Agradezco a mi madre todo esto, el enseñármelo todo.


http://www.blogs.ya.com/drabru
16.12.05 @ 09:21